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Si Dios es tan poderoso, justo y bueno, ¿por qué permite el mal?
Autor: Vicente Galán
Sí, Dios es justo, bueno y todopoderoso, pero muchas personas se
sienten confundidas pensando en las guerras, el hambre y la muerte
de infinidad de seres inocentes, y han exclamado amargamente: ¿Dónde
está Dios? O ¿por qué, si Dios es tan poderoso y bueno, no evita
estas cosas?
En tanto que cristianos, reconocemos unas verdades absolutas con
referencia a Dios que nos comprometen muchísimo, ya que confesamos
con toda firmeza que Dios es el Ser Supremo que todo lo puede,
creador y sustentador de los cielos y la tierra. También que Dios es
amor, bondad y santidad, que en el mundo existen el mal moral y
físico en forma horrible; las preguntas apuntadas arriba surgen casi
espontáneamente. ¿Por qué Dios permite...?
Si este tema nos preocupa de verdad y deseamos tener luz sobre él,
sin lugar a dudas que Dios nos ayudará y consolará con una
explicación lógica y admisible para nuestra mente. Tampoco quisiera
meterme en profundidades, de las cuales a veces es difícil salir
bien parado, y donde tantos filósofos y teólogos han dedicado a
ellas todo su esfuerzo y no han llegado a una respuesta
satisfactoria para todos.
No trato de justificar unas determinadas doctrinas o posturas
cristianas, ni tan siquiera he de justificar al Supremo y Soberano
Dios, Santo y Perfecto, lo que sería absurdo. Es lamentable que
algunas personas tengan una actitud agria hacia Dios, que no tiene
culpa alguna de las desdichas de los hombres tan reales y acuciantes;
son éstos quienes, con su errada actitud emocional, se privan de
poder conocer al Dios de amor y de esperanza, que al fin de la
historia de la humanidad solucionará con justicia todos los
problemas de la raza.
Por esto creo que lo primero que hemos de reconocer es nuestra
pequeñez e incapacidad para juzgar los planes y propósitos del
Todopoderoso y Sapientísimo Creador.
Que Dios es inmensamente sabio nos lo dice, no tan solo la Biblia,
sino la naturaleza entera. El concierto ecológico de los elementos
nos lo prueba desde el principio de la creación, y nos lo confirma
la ciencia que estudia con el microscopio las cosas más pequeñas de
Dios, como son los protozoos y las células de todos los seres vivos,
y con el telescopio las cosas más grandes a las cuales el hombre no
puede llegar. Aunque hayamos conseguido grandes conquistas; son tan
solo en un espacio relativamente pequeño dentro del Universo
infinito, a saber, los contados planetas que se mueven dentro de los
límites del sistema planetario de nuestro sol.
El hecho de que Dios debe ser bueno tiene una razón natural que
todos comprendemos, y es la misma conciencia humana. ¿Por qué
nosotros podemos distinguir entre el bien y el mal? Los animales no
saben ni pueden hacerlo. Las fieras y las aves de rapiña no tienen
compasión ni de sus hijos. ¿Por qué esta importante diferencia?
Porque los animales son simplemente máquinas de carne, pero no
fueron creadas a imagen y semejanza del Supremo Artífice del
Universo, no se dan cuenta de su propia existencia ni tienen
sentimientos de bondad ni de maldad, simplemente satisfacen sus
necesidades físicas, no conocen el bien ni el mal, pero el hombre y
la mujer sí que lo conocemos, porque Dios puso en los genes de
nuestros antepasados, su marca de fábrica, y sobre ella un espíritu
inmortal.
Pero sabemos que un gran enemigo puso también su marca, los
sentimientos del mal sobre los del bien que derivan de nuestro
Creador.
«Seréis como dioses si conocieseis el bien y el mal» fue la gran
mentira de Satanás.
Dios quería que los hombres conociesen sólo el bien, pero el hombre
prefirió conocer el bien y el mal; ésta fue la razón de la caída; no
tan solo el simple acto de desobediencia con que se tipifica.
Pero Dios es el bien supremo. En el salmo 100:5 leemos: «porque
Jehová es bueno, para siempre es su misericordia, y su verdad por
todos los siglos». Y Jesucristo, a un joven que le llamó «Maestro
bueno» le replicó: «Ninguno hay bueno sino sólo Dios.» Pero el
hombre eligió separarse de Dios. Se ha dicho, con razón, que el
pecado es una actitud de desconfianza respecto al Creador. Por esto
la Biblia reclama y declara como único medio de salvación la fe en
Jesucristo, engendradora de amor y gratitud hacia el Salvador que
Dios envió para satisfacer los principios de la eterna justicia que
presiden en el Universo, y ganar nuestras mentes y voluntades para
El.
Una parte de la humanidad, la mahometana, y un sector de la
cristiana, tratan de resolver el problema del mal por la teoría del
fatalismo, que atribuye a Dios tanto una cosa como otra; dicen que
nada se puede hacer contra lo determinado por El, pero esto no es
cierto, nosotros no somos máquinas de carne, somos agentes morales
libres en el Universo creado por Dios. El fatalismo no nos ayuda,
nos hunde cada vez más en la desesperación de la impotencia de no
poder hacer nada.
La Biblia proclama la sabiduría de Dios, pero no es fatalista, antes
al contrario, en la profecía de Ezequiel 33:11 leemos: «Vivo yo dice
el señor Jehová, que no me complazco en la muerte del malvado, sino
en que se vuelva el malvado de su camino y viva: Esto significa que
Dios, dentro de sus planes de su justicia eterna, está dispuesto a
cambiar de actitud para aquellos que cambian su actitud para con El,
es decir, proclaman el libre albedrío para los seres humanos.
Dios no es autor del mal, sino del bien, por más que haya consentido
por un tiempo -que para nosotros es muy largo- pero que para el Ser
eterno es relativamente corto, el mal que ha existido y existe sobre
el planeta. El hombre se separó de Dios, y esto produjo la desgracia
y la ruina moral de la humanidad y convirtió un mundo de luz, paz y
buena relación con su Creador en un mundo de error, tragedia y
sufrimiento, y aunque surgan en la conciencia humana, a veces,
impulsos de hacer el bien, se encuentra con el condicionamiento de
que hace el mal que no quiere, como explica el apóstol Pablo en
Romanos, capítulo 7, versículos 7-25.
¿Qué ha hecho Dios con todo esto? Bueno, para que Dios erradicara lo
malo de la tierra, tendría que destruir a toda la raza humana, ya
que en lo que se refiere a su creación y todo lo que pertenece a su
responsabilidad de sustentamiento y cuidado de las cosas que existen
en la naturaleza, está todo en perfecto orden de funcionamiento. El
propio hombre se acusa constantemente a sí mismo de destruir el
medio-ambiente, a las propias criaturas humanas con los elementos
nocivos y los armamentos que ha inventado.
¿Qué ha hecho Dios? Amarnos con amor y misericordia infinita y
revelarnos el único, y verdadero camino para poder volver a El. Ese
verdadero camino es Jesús. Dios ha realizado lo que enseña su Santo
Libro; que es necesario vencer el mal con el bien; esto es lo que
hizo Jesucristo, como explicaremos en "Fe y obras ¿una encrucijada?"
, y un día juzgará al mundo con justicia, aplicándola con mayor o
menor severidad (según sus obras, como nos enseña Jesús en Mateo
11:20-30) a quienes no han conocido su gracia, y a los que la han
conocido, según el caso que hayan hecho de sus llamamientos de amor.
¿Por qué no rendirse a la evidencia, y acercarse a Dios con un
corazón humilde, y creer que Jesucristo venció por todos nosotros a
la muerte y al pecado y comenzar así a ser luchadores para vencer
con el bien al mal?
En esta lucha no estamos solos, el Señor es nuestro ayudador. Además,
tenemos los creyentes otra visión de las cosas y afectos en la vida.
Ya nuestra esperanza no está en este mundo, esperamos otro mejor
donde «mora la justicia»; ya no miramos ni medimos las cosas en sí
mismas, sino ante la perspectiva de las promesas eternas, promesas
que nos hacen saber que esta noche oscura de la humanidad está
pasando y llega el día de plena luz, paz y justicia.
Todas las cosas de esta vida han cobrado una escala de valores
distinta. ¡No mires más las cosas desde la perspectiva humana
solamente! Aférrate a las promesas del Señor, no estamos en un
estado catatónico, fatalista o de amarga resignación. ¡Levántate!
Mira a tu Creador, confía en la obra de Jesucristo y cree. En el día
del juicio final habrá más de un paraplégico que dirá: «¿Cómo pude
creer en ti pasando mi vida en una silla de ruedas?»; pero otro dirá:
«Gracias, Dios mío, que me ayudaste a creer y a volverme a ti, y te
pude adorar y servir desde mi silla de ruedas, y que aquello se
queda en mi experiencia allá en la tierra. Ahora te adoro con este
cuerpo glorificado que no necesita ninguna silla de ruedas»; otro
dirá: «No pude comprender por qué mi hijo murió prematuramente,
cuando sólo tenía 5 años; gracias, Dios mío, porque a pesar de la
tragedia que significó perder a mi hijo, en quien tenía tantas
esperanzas, me diste las fuerzas para creer en Ti, y te adoro porque
me consolaste y me has fortalecido hasta aquí.»
El punto culminante del amor y la justicia de Dios se ha demostrado
al venir el mismo a visitarnos y vivir a nuestro nivel, nuestras
mismas miserias y sufrimientos en la persona de Jesucristo. Y
después de vivir una vida ejemplar, no aprovechándose de sus poderes
sobrenaturales, sino en favor de otros, ha continuado, por medio de
su Santo Espíritu, su táctica de vencer, con el bien, el mal en las
personas de millares de creyentes e hijos espirituales suyos.
Ahora podemos ver a hombres y mujeres que han creído en Cristo y que
son transformados por el poder de Dios, algunos han dejado los
vicios que más les sujetaban, incluso algunos el vicio de la
drogadicción, y miles de familias desgraciadas han entrado en una
nueva vida de paz y de amor y de buena comprensión los unos con los
otros, porque han empezado a dejarse guiar en sus pequeños problemas
por el Espíritu de Dios. Por esto el apóstol Pablo decía ya en los
primeros tiempos del cristianismo: «El Evangelio es poder de Dios
para dar salvación a todo aquel que cree», y declaraba, en otro
lugar:
«Si alguno está en Cristo, nueva criatura es (es decir, es como si
hubiese nacido de nuevo), las cosas viejas pasaron, he aquí todas
son hechas nuevas.»
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