Padres, hijos y abuelos
Recuerdo
que a mis seis años de edad, esperaba con ansias las vacaciones para
ir a pasar unos días en el rancho de los bisabuelos. Todavía tengo
fresco en la memoria el caminar entre las milpas, y ver caminar
delante de mí a mi bisabuelo con el sombrero puesto, abriéndonos
paso entre las plantas de maíz. Hoy mis bisabuelos ya no están como
para pasear por el campo, pero sí para recibir en sus brazos a los
tataranietos porque en la familia ya convivimos varias generaciones:
¡mis bisabuelos, abuelos, padres, hijos, nietos y tataranietos!
Y es que los cambios sociales que se
han producido en las últimas décadas han tenido sus repercusiones en
la familia. Los abuelos de la actualidad son importantes agentes del
desarrollo cognitivo, afectivo y social de los nietos, son
mediadores de los conflictos paterno-filiales, especialmente cuando
los nietos llegan a la adolescencia.
¿De dónde viene esta nueva relación? Cuando
hablamos de relación “nueva” no nos referimos a algo que no
existiera antes. Los abuelos y los nietos han existido siempre. Aquí
hablamos más bien del lugar que adquiere esta relación dentro del
ciclo vital de la familia, hoy en día. ¿Dónde está pues el origen de
esta relación? Sabemos que hoy las personas de edad avanzada
constituyen un grupo de población de mayor crecimiento. De los 13
millones en 1959, se prevé que en el 2025 ascienda a 137 millones,
más o menos el 25% de la población. Esto se dará, especialmente por
dos razones, la primera es el aumento de la esperanza de vida y la
segunda, el descenso de la natalidad.
El hecho de que los abuelos del presente vivan
durante más años y en mejores condiciones físicas y psicológicas,
les permite compartir con sus nietos mayor cantidad de experiencias
y desempeñar un papel más activo en las familias.
Aunado a esto encontramos que es posible la
mayor independencia de las personas en la familia y al mismo tiempo,
el mantenimiento de vínculos relacionales profundos de intimidad a
distancia.
Las relaciones familiares entre generaciones,
están basadas en la intimidad a distancia. Es decir, a pesar de la
creciente autonomía residencial que se observa en los abuelos
actuales, se mantienen contactos muy frecuentes con los nietos, es
lo que se llama: identidad a distancia.
Por lo que se refiere a la relación
abuelos-nietos, dichas relaciones se suelen percibir como
satisfactorias. En estas relaciones hay menos tensiones, y aunque la
relación depende de la edad, del sexo o del nivel socioeconómico, en
general los niños sienten por sus abuelos admiración, perciben en
ellos bondad, protección.
Los abuelos contribuyen al desarrollo de sus
nietos de formas diferentes: sirviendo como compañeros de
interacción, proporcionando estimulación cognitiva y afectiva,
cuidados, etc. en definitiva, el desarrollo de los nietos está
íntimamente relacionado con las funciones que desempeñen los abuelos
dentro de las relaciones familiares. Los jóvenes, por su parte, ven
a los abuelos como alguien con quien compartir problemas,
inquietudes, preocupaciones, etc. Y esta relación es más provechosa
para ambos, en la medida en que los abuelos conocen la situación
juvenil.
Los
abuelos como educadores
¿Cómo colaboran los abuelos con la educación
de los nietos? Los consejos y recomendaciones que vienen de los
abuelos, muchas veces se aceptan mejor que si vinieran de los
propios padres. La experiencia de los abuelos, la paciencia de éstos
y el tiempo del que disponen, pueden hacer de los abuelos estupendos
educadores.
Además, los abuelos representan un lazo de
unión entre las familias y las generaciones y esto le da al niño un
sentimiento de seguridad y de pertenencia que hace más equilibrado
el presente del niño. Cuando alguno de los padres falta, por el
motivo que sea, el abuelo o la abuela son como una cierta
compensación para el niño.
Sin embargo, existe también el peligro de que
el abuelo en lugar de educar al niño, haga lo contrario, ¿bajo qué
circunstancias se da esto? Cuando los abuelos se dedican a
sobreproteger o mimar nada más al niño, cuando se presentan como
“buenos” en oposición de los padres que son “malos”.
Es importante, pues fomentar las relaciones entre
padres, hijos y abuelos e involucrar a estos últimos en la labor
educativa de los padres, sobre todo cuando los abuelos saben darles
su lugar a los padres como primeros educadores y tomar el papel
secundario en la educación de los nietos.